Su madre le quitó la lavadora a la esposa de su hijo Parte 11
El hombre permaneció inmóvil frente a la puerta, incapaz de pronunciar una sola palabra.
Aquella voz había perseguido sus recuerdos durante los últimos cinco años.
Su madre lloraba en silencio mientras el policía sacaba lentamente su arma.
Ernesto se acercó a la ventana y miró hacia afuera con el rostro completamente pálido.
—No abras esa puerta —susurró Ernesto—. No sabes quién está realmente ahí.
Pero el hombre no podía apartarse de la entrada.
—Esa es la voz de mi padre —respondió con lágrimas en los ojos.
Su esposa lo tomó del brazo y trató de detenerlo.
—¿Y si esto es una trampa? —preguntó ella desesperada.
El policía levantó una mano y ordenó que todos permanecieran detrás de él.
Entonces volvieron a escucharse tres golpes fuertes en la puerta.
—Hijo, sé que estás ahí… abre, por favor.
La madre comenzó a temblar al escuchar aquellas palabras.
—Es él —dijo entre lágrimas—. Yo reconocería esa voz aunque pasaran cien años.
Ernesto negó con la cabeza mientras revisaba rápidamente las cámaras de seguridad.
—No puede ser tu padre… porque acabo de verlo en otra parte.
El hombre lo miró confundido.
—¿Qué quieres decir con que lo viste?
Ernesto giró la computadora hacia ellos y reprodujo una grabación reciente.
En las imágenes apareció un hombre entrando a un automóvil frente al banco.
El rostro apenas se distinguía, pero llevaba el mismo reloj que había pertenecido a su padre.
La esposa se acercó a la pantalla y señaló la imagen.
—Ese reloj… tu madre dijo que fue enterrado con él.
La madre bajó la mirada y comenzó a llorar desconsoladamente.
—Yo mentí —confesó finalmente—. Nunca enterramos ese reloj.
El hijo retrocedió lentamente, sintiendo que ya no podía confiar en nadie.
—Entonces dime la verdad, mamá. ¿Qué ocurrió realmente aquella noche?
La mujer cerró los ojos antes de responder.
—Tu padre sobrevivió al accidente.
Todos quedaron paralizados.
—Pero alguien hizo creer a todos que había muerto —continuó ella— para quedarse con su dinero y controlar la empresa.
El hombre sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
De repente, el policía recibió una alerta en su teléfono.
Miró la pantalla y levantó la vista con una expresión aterradora.
—Acaban de detectar al dueño de la voz frente a esta casa.
Todos miraron hacia la puerta.
El agente se acercó lentamente y preguntó:
—¿Quién es usted?
Durante unos segundos no hubo respuesta.
Entonces la voz volvió a escucharse desde el otro lado.
—Soy el hombre que ustedes enterraron hace cinco años.
La madre soltó un grito y cayó de rodillas.
El hijo miró a Ernesto, esperando una explicación.
Pero Ernesto solamente susurró:
—No abras… porque tu padre no vino solo.
En ese instante, las luces de toda la casa se apagaron.
El teléfono del policía comenzó a sonar nuevamente.
En la pantalla apareció una fotografía tomada desde el interior de la casa.
Era una imagen de todos ellos… tomada apenas unos segundos antes.
La esposa comenzó a llorar al darse cuenta de algo aterrador.
—Alguien está dentro de esta casa.
Y entonces, desde el pasillo oscuro, una voz de mujer susurró:
—¿De verdad pensaron que yo me había ido del país?