Su madre le quitó la lavadora a la esposa de su hijo Parte 8
La grabación quedó en silencio y nadie se atrevió a respirar durante varios segundos.
El hombre miraba fijamente el teléfono, intentando entender las últimas palabras de su padre.
—La persona que se llevó mi dinero está dentro de esta casa —repitió con voz temblorosa.
Su esposa fue la primera en reaccionar y miró hacia la puerta de la cocina.
—Entonces tenemos que saber quién salió de aquí durante el apagón.
La hermana del hombre negó lentamente con la cabeza y señaló a su madre.
—Mamá sabía dónde estaba la llave de la caja.
—También sabía que Ernesto estaba autorizado para entrar a las cuentas.
La mujer levantó la mirada, completamente destrozada por aquellas acusaciones.
—¡Yo jamás le robé nada a tu padre! —gritó entre lágrimas.
—Entonces dinos qué significa todo esto —respondió su hijo, cada vez más alterado.
Pero antes de que pudiera contestar, Ernesto recibió una llamada.
El teléfono de Ernesto comenzó a sonar insistentemente sobre la mesa.
Él miró la pantalla y su rostro perdió completamente el color.
—Es el abogado —susurró.
El hombre se acercó inmediatamente y preguntó quién estaba llamando.
Ernesto respondió con una voz casi inaudible: —El mismo abogado que aparece en la fotografía.
—¡Contesta! —ordenó el hombre.
Ernesto deslizó el dedo por la pantalla y puso la llamada en altavoz.
Durante unos segundos solo se escuchó una respiración agitada al otro lado.
Entonces una voz masculina dijo: —Ya descubrieron demasiado.
Todos quedaron paralizados al escuchar aquella frase.
—¿Dónde está usted? —preguntó el hombre, apretando los puños.
El abogado respondió: —No importa dónde estoy. Lo importante es dónde está su madre.
La mujer comenzó a llorar nuevamente y negó con la cabeza.
—Ese hombre está mintiendo. Él quiere destruir nuestra familia.
Pero Ernesto interrumpió: —No está mintiendo. Yo lo vi entrar aquella noche.
El hijo miró a Ernesto con incredulidad.
—¿Entrar dónde? ¿A esta casa?
Ernesto tragó saliva antes de responder: —A la habitación de tu padre.
La madre se quedó completamente inmóvil.
—Ernesto, no digas más —suplicó con una voz quebrada.
Pero su hijo ya había entendido que ella ocultaba algo.
—¿Qué pasó aquella noche, mamá?
La mujer cerró los ojos y permaneció en silencio durante unos segundos.
Finalmente respondió: —Tu padre descubrió quién estaba detrás de todo.
—¿Quién? —preguntó su hijo desesperadamente.
Ella abrió los ojos y miró directamente hacia su nuera.
—No era una persona de fuera de la familia.
La esposa retrocedió sorprendida.
—¿Por qué me mira así? Yo no hice nada.
El hombre se colocó inmediatamente delante de ella para protegerla.
Entonces la madre dijo algo que nadie esperaba escuchar.
—Tu padre descubrió que alguien estaba utilizando el nombre de tu esposa.
La joven quedó completamente confundida.
—¿Utilizando mi nombre para qué?
La madre señaló lentamente el teléfono que estaba sobre la mesa.
—Para sacar dinero de las cuentas sin que nadie sospechara.
El hombre tomó el teléfono y revisó rápidamente los documentos enviados por su padre.
Había varias transferencias realizadas durante los últimos meses.
Todas aparecían vinculadas a una cuenta registrada con el nombre de su esposa.
—¡Esto es imposible! —exclamó ella.
—Yo nunca abrí esa cuenta ni autoricé ninguna transferencia.
Ernesto miró los documentos y dijo: —Entonces alguien falsificó tu identidad.
De repente, se escuchó un fuerte golpe en la puerta principal.
Todos se quedaron en silencio mientras alguien golpeaba nuevamente.
Una voz desconocida gritó desde afuera: —¡Abran! ¡Soy la policía!
El hombre miró a Ernesto con desconfianza.
—¿Tú llamaste a la policía?
Ernesto negó lentamente con la cabeza.
La puerta volvió a recibir otro golpe.
—¡Tenemos una orden para registrar esta casa! —gritó la voz.
La madre comenzó a temblar y miró desesperadamente hacia su hijo.
Entonces el teléfono volvió a vibrar.
Había llegado otro mensaje del número desconocido.
Solo contenía una fotografía y una frase.
En la fotografía aparecía la madre entrando a un banco.
A su lado estaba el abogado sosteniendo una carpeta negra.
Debajo de la imagen se podía leer: «Ella sabe dónde está el dinero».
El hombre levantó lentamente la mirada hacia su madre.
—Mamá… ¿qué hiciste aquel día en el banco?
La mujer comenzó a llorar sin poder responder.
Pero entonces la esposa encontró algo escondido debajo de la mesa.
Era un pequeño sobre con el sello del banco y una fecha reciente.
Lo abrió lentamente y encontró una sola hoja.
El documento contenía una declaración firmada por el padre antes de morir.
En la última línea aparecía una frase escrita de su propio puño y letra:
«Si mi esposa intenta negar todo, busquen la lavadora».
Todos se miraron completamente confundidos.
—¿La lavadora? —preguntó el hombre sin entender.
Su esposa recordó entonces el motivo por el que su suegra se la había quitado.
Y comprendió que aquella vieja lavadora escondía algo mucho más peligroso.
Desde la puerta, la policía volvió a gritar:
—¡Tienen diez segundos para abrir!
La madre miró a su hijo y susurró: —Tu padre escondió allí la prueba.
El hombre corrió hacia el patio.
Su esposa y Ernesto lo siguieron mientras la puerta comenzaba a ceder.
Y cuando levantaron la tapa de la lavadora, encontraron una caja metálica escondida en el interior.
Dentro había una memoria USB, fotografías y una llave bancaria.
Pero también había una fotografía reciente de toda la familia.
En la parte posterior, el padre había escrito una última advertencia:
«No confíes en quien llegue primero después de mi muerte».
El hombre recordó inmediatamente quién había llegado primero aquella noche.
Miró hacia Ernesto, luego hacia su madre y finalmente hacia la puerta.
Y entonces comprendió que el verdadero culpable podía estar a punto de entrar.
Continuará…