Se Avergonzaba De Su Esposo Y Prefería Salir Con Otro. Pero Esa Noche Él Le Dio La Vuelta A Todo

—¿Cómo está el hombre más hermoso del mundo? Ay, amor, ¿seguro que no me puedes acompañar hoy día a la playa? Mira que todavía puedo dejar al gordito ese encerrado en la casa. Sí, sí, tú no te preocupes por mi esposo. A ese yo le digo cualquier mentira y se la cree.

Es más, le diré que me llamaron del trabajo. Ya verás que él no se va a enterar de nada. Pero, por favor, amor, no me falles. Yo no quiero hacer la burla de mis amigas llevando a ese gordito a la playa.

—Ok, mi amor, gracias por aceptar mi invitación. Ay, Dios, esto no me puede estar pasando a mí. La mujer que yo creía que era el amor de mi vida se avergüenza de mi cuerpo. He vivido tanto tiempo aguantando sus desprecios.

Y todavía se burla de mí con otro hombre. Pero… esto no se puede quedar así. Yo me largo de esta casa.

—Bueno, amor, nos vemos en media hora. Sí, amor, yo sé que tú sí eres un hombre hermoso. Ya verás que cuando mis amigas me vean contigo, se van a quedar sorprendidas.

—Juan, pero a ti, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás llorando?

—Ay, Cristina, yo no estoy para hablar con nadie. Solo déjame, por favor.

—No, Juan, no te voy a dejar solo. ¿Por qué no estás en tu casa? ¿Por qué estás llorando? ¿Le pasó algo a mi hermana?

—No, Cristina. Tranquila, que a tu hermana no le ha pasado nada.

—¿Y entonces, Juan? ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué estás llorando?

—Ay, Cristina, acabo de escuchar a tu hermana burlándose de mi físico por teléfono mientras hablaba con otro hombre.

—Ay, Juan, no te puedo creer eso.

—Tranquila, Cristina, que yo ya me esperaba eso. Tu hermana siempre me ha tratado mal. Siempre me ha dicho que solo está conmigo por lo que yo le ofrezco.

—Yo ya me cansé de eso, Cristina. Ya mi vida no tiene sentido.

—No, Juan, ¿cómo que tu vida no tiene sentido? Nunca digas eso. Tú vales mucho, Juan.

—No, Cristina, yo me siento muy triste. Lo que me ha hecho tu hermana me ha dolido mucho. Yo me voy a ir, me voy a largar de esta ciudad.

—No, Juan, tú no te puedes ir. Mi hermana no te puede hacer eso y quedarse con todo. Tú no le puedes dar ese gusto. Yo sé que ella es mi hermana.

Pero también sé la clase de hombre que eres tú y tú no te mereces lo que ella te ha hecho. Tú tienes que darle una lección a esa mujer.

—¿Cómo que una lección, Cristina? ¿De qué estás hablando? ¿Cómo le voy a dar una lección si a ella no le interesa lo que yo haga? Ella a mí no me ama.

—Tranquilo, Juan, que yo tengo un plan. Tú solo sigue mis reglas. Ya verás que le vamos a dar la lección de su vida a esa mujer.

—¿Pero es tu plan, Cristina? Cuéntame, ahora mismo quiero saber.

—Tranquilo, Juan, que ahora mismo te lo voy a contar.

—Ay, Dios, ahora sí voy a ir de la mano del hombre más guapo de esta ciudad. Ahora sí, todas se van a llenar de envidia cuando me vean entrar a esa fiesta.

Pero ¿ahora qué le digo a Juan? ¿Qué mentira le invento para que se quede tranquilo en la casa? Bueno, aunque eso no está muy difícil.

A ese gordito solo le mando a comprar un cuarto de pollo y lo dejo feliz aquí en la casa. Sí, eso haré. Ahorita mismo le voy a decir que se canceló la fiesta.

Y que solo iré a una reunión de trabajo a la que él no puede asistir.

—Juan, ¿pero tú qué haces vestido así? ¿A dónde crees que vas con esos trapos?

—¿Cómo que a dónde voy vestido así, mi amor? Si habíamos quedado en ir a la playa, por eso me vestí así.

—Ay, mi amor, te tengo una mala noticia.

—¿Cómo que una mala noticia, mi amor? ¿Qué pasó ahora?

—Ay, Juan, lo que pasa es que ya no me vas a poder acompañar a la playa.

—¿Y eso por qué, amor? ¿Qué pasó?

—Ay, Juan, lo que pasa es que me llamaron del trabajo y tengo que ir a resolver algo urgente y no puedo llevar a nadie.

—Está bien, Karina. Si tú quieres irte sola, está bien. Yo no te voy a acompañar hoy, pero quiero que te quede claro que de ahora en adelante eres una mujer soltera.

Así que vete tranquila con tu rey hermoso, con tu modelito hermoso, ese hombre que para ti es el mejor hombre del mundo.

—¿Qué estás diciendo, Juan? ¿Qué hombre estás hablando? ¿Qué locura te estás inventando?

—Sé hipócrita, Karina. Yo escuché todo y sordo no estoy.

—Ay, Juan, no empieces con tus celos. Mejor quédate tranquilo en el cuarto, que ya te mandé a pedir un cuarto de pollo. Te lo comes y te acuestas a dormir.

—No, Karina, yo no quiero nada de ti. No te preocupes en mandarme a pedir comida, que esta noche yo no te voy a esperar en el cuarto.

—¿Cómo que no me vas a esperar en el cuarto, Juan? ¿A dónde te piensas ir?

—Pues yo hoy tengo una cita, Karina. Así que esta noche yo también llegaré tarde.

—No me hagas reír, Juan. ¿A dónde vas a ir tú con esas fachas esta noche? Y peor, ¿con una chica?

¿Cuál es esa mujer que se va a atrever a salir con un hombre como tú?

—Cállate, Karina, que esta noche voy a salir con una mujer que sí vale la pena.

—Ay, Juan, deja de ser ridículo. ¿Qué mujer va a querer salir contigo? Si apenas entran al restaurante, todos se van a burlar de ti.

—Tranquila, Karina, que ella ya está por llegar. Ahora mismo te vas a dar cuenta cuál es esa gran mujer.

—Esa es la mujer que va a salir conmigo esta noche, Karina. Conócela.

Karina creyó que podía burlarse de su esposo y dejarlo comiendo pollo, pero jamás imaginó lo que él le tenía preparado.

Si quieres saber quién llegó a buscar a Juan, no te pierdas el final.

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