CINCO AÑOS PERDIDOS
Capítulo 1: El principio de un sueño
La lluvia caía suavemente sobre las calles de la ciudad cuando Valeria salió de la biblioteca con varios libros entre los brazos. Era una tarde cualquiera de otoño, de esas que parecen repetirse una y otra vez sin dejar recuerdos importantes. Sin embargo, el destino había preparado un encuentro que cambiaría su vida para siempre.
Al intentar cruzar la avenida, uno de los libros resbaló de sus manos y cayó justo frente a un automóvil que acababa de detenerse en el semáforo. Antes de que pudiera reaccionar, un joven descendió del vehículo, recogió el libro con cuidado y caminó hacia ella con una sonrisa tranquila.
—Creo que esto es tuyo —dijo mientras le entregaba el ejemplar.
Valeria levantó la mirada y por un instante olvidó la lluvia, el tráfico y el ruido de la ciudad. Aquel desconocido tenía una expresión amable que transmitía confianza. Su nombre era Gabriel, un arquitecto de veintinueve años que jamás imaginó que ese pequeño gesto cambiaría el rumbo de su futuro.
Después de conversar unos minutos, ambos descubrieron que frecuentaban la misma cafetería cercana al parque central. Entre bromas y comentarios sobre libros, el tiempo pasó sin que ninguno lo notara. Cuando se despidieron, intercambiaron sus números con la promesa de volver a verse.
Durante las semanas siguientes comenzaron a encontrarse casi todos los días. A veces desayunaban juntos antes del trabajo y otras caminaban durante horas mientras hablaban de sus sueños. Valeria quería convertirse en escritora, mientras Gabriel soñaba con diseñar edificios que permanecieran en la memoria de las personas.
Cada conversación fortalecía un vínculo que parecía crecer de manera natural. No existían las prisas ni las promesas exageradas. Ambos disfrutaban de los pequeños detalles: un café compartido, una llamada antes de dormir o una simple caminata al atardecer.
Tres meses después, Gabriel decidió sorprenderla. Preparó un picnic en el mismo parque donde solían conversar y esperó pacientemente hasta que el sol comenzara a ocultarse. Cuando Valeria llegó, encontró una mesa sencilla decorada con flores silvestres y una carta escrita a mano.
En aquella carta, Gabriel confesaba que nunca había conocido a alguien capaz de hacerlo sentir tan tranquilo. Decía que junto a ella el tiempo parecía detenerse y que deseaba construir una historia verdadera, sin mentiras ni secretos. Valeria respondió con una sonrisa y aceptó comenzar una relación.
El primer año estuvo lleno de felicidad. Viajaron a pequeños pueblos, descubrieron playas escondidas y coleccionaron cientos de fotografías que luego colocaban en un enorme álbum familiar. Cada imagen representaba un momento especial que prometían recordar para siempre.
Cuando cumplían un año de noviazgo, Gabriel le regaló un pequeño reloj de pulsera. En la parte trasera había una frase grabada con delicadeza: «Que el tiempo siempre juegue a nuestro favor.» Valeria lo abrazó con fuerza, convencida de que había encontrado al hombre con quien compartiría el resto de su vida.
Los siguientes meses parecían confirmar aquella ilusión. Sus familias se conocieron, comenzaron a ahorrar para comprar una casa y hablaban constantemente sobre el día de su boda. Todo parecía avanzar exactamente como ambos lo habían imaginado.
Pero mientras Valeria construía sueños, la vida comenzaba a preparar una prueba que ninguno de los dos esperaba. Había decisiones que cambiarían su destino para siempre y secretos que permanecerían ocultos durante demasiado tiempo.
Cinco años después, aquel reloj seguía marcando la hora. Sin embargo, el tiempo ya no jugaba a favor del amor, sino en su contra. Lo que un día comenzó bajo la lluvia estaba a punto de convertirse en la historia más dolorosa que ambos tendrían que vivir.
Continuará…