LA SIRVIENTA IBA A SERVIR LA CENA… HASTA QUE UNA PRUEBA DE ADN REVELÓ QUIÉN ERA LA VERDADERA HEREDERA — PARTE 2

Durante las semanas posteriores a la prueba de ADN, la mansión Montenegro dejó de sentirse como el mismo lugar. Lucía había pasado de caminar por los pasillos con una bandeja entre las manos a tener un despacho propio dentro del imperio familiar. Sin embargo, cada vez que cruzaba aquellas puertas, recordaba perfectamente cómo algunos invitados se apartaban para no rozar su uniforme.

Victoria intentaba acercarse a ella todos los días, pero Lucía mantenía cierta distancia. No podía olvidar que aquella familia había pasado veintisiete años creyendo que Isabel había muerto sin dejar descendencia. Y aunque ahora todos la llamaban heredera, todavía había una pregunta que nadie había conseguido responder: ¿quién había hecho desaparecer realmente a Isabel?

Una mañana, Samuel apareció en el despacho de Lucía con una carpeta antigua entre las manos. Su rostro no tenía la expresión tranquila que acostumbraba mostrar. Cerró la puerta cuidadosamente y colocó los documentos sobre el escritorio.

—Necesito que veas esto antes de que tu abuela lo descubra.

Lucía frunció el ceño.

—¿Qué es?

Samuel abrió la carpeta.

—El expediente original de tu bisabuela Isabel.

Lucía comenzó a leer los documentos. Al principio no encontró nada extraño. Fechas, informes médicos, nombres de clínicas y algunos documentos de identidad. Pero entonces vio una fotografía antigua que hizo que su respiración se detuviera.

Era Isabel.

Y estaba acompañada por un hombre.

Lucía levantó la fotografía.

—¿Quién es él?

Samuel permaneció callado durante varios segundos.

—Ese hombre fue la razón por la que Isabel abandonó la mansión.

—Pensé que nadie sabía quién era.

—Eso es lo que todos creyeron durante años.

Samuel señaló una firma en uno de los documentos.

—Su nombre era Gabriel Salvatierra.

Lucía sintió un extraño escalofrío.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

Samuel bajó la voz.

—Todo.

Antes de que pudiera explicar algo más, alguien golpeó la puerta.

Los dos se quedaron inmóviles.

Victoria entró lentamente.

Al ver la fotografía sobre el escritorio, su rostro perdió el color.

—¿Dónde encontraste eso?

Samuel cerró inmediatamente la carpeta.

Pero ya era demasiado tarde.

Victoria había reconocido al hombre.

—Él no murió —dijo.

Lucía se puso de pie.

—¿Qué acabas de decir?

Victoria miró hacia la ventana.

—Gabriel desapareció la misma noche que Isabel.

—Entonces todos estos años…

—Nos hicieron creer que ambos estaban muertos.

El silencio se volvió insoportable.

Lucía se acercó a su abuela.

—¿Quién pudo haber hecho algo así?

Victoria negó con la cabeza.

—No lo sé.

—Pero usted sabe algo.

Victoria cerró los ojos.

—Sé que alguien dentro de esta familia quería que Isabel desapareciera.

Lucía sintió que aquella revelación era todavía más peligrosa que la herencia.

—¿Y por qué?

Victoria tomó asiento lentamente.

—Porque Isabel descubrió algo sobre las empresas Montenegro.

Samuel abrió nuevamente la carpeta.

—Antes de desaparecer, Isabel había encontrado transferencias de dinero hacia varias cuentas en el extranjero.

Lucía observó los documentos.

—¿Dinero de la empresa?

—Millones.

Victoria apretó las manos.

—Tu bisabuela sospechaba que alguien estaba robando el patrimonio familiar.

—¿Y nunca investigaron?

Victoria la miró con tristeza.

—Lo intentamos.

—Entonces, ¿qué ocurrió?

Samuel respondió:

—El investigador desapareció dos días después.

Lucía sintió un nudo en el estómago.

—¿Y ahora me están diciendo que todo esto está relacionado con mi familia?

Nadie respondió.

Entonces se escuchó un golpe seco en el pasillo.

Samuel salió rápidamente del despacho.

No había nadie.

Solo un sobre blanco colocado debajo de la puerta.

Lo recogió y regresó.

No tenía remitente.

Lucía abrió el sobre con cuidado.

Dentro había una sola fotografía.

Era reciente.

La imagen mostraba a Gabriel Salvatierra entrando en un edificio.

Lucía palideció.

—Este hombre está vivo.

Victoria se levantó de golpe.

—Eso no puede ser.

Samuel miró la fecha impresa en la fotografía.

—Fue tomada hace tres días.

Victoria comenzó a temblar.

—Entonces él sabe que encontraste la verdad.

Lucía dejó lentamente la fotografía sobre la mesa.

—¿Quién envió esto?

Samuel revisó nuevamente el sobre.

—No hay nombre.

Entonces Lucía encontró algo escrito en la parte posterior de la fotografía.

Una frase hecha con tinta negra.

“Si quieres saber quién mató a Isabel, no confíes en nadie de esta casa.”

Victoria se quedó completamente inmóvil.

Lucía la miró.

—¿Abuela?

Pero Victoria no respondió.

Porque en ese instante había reconocido la letra.

Y aquella letra pertenecía a una persona que llevaba más de veinte años viviendo dentro de la mansión Montenegro.

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