La llamada que lo cambió todo Parte 2

PARTE 2: EL SECRETO QUE VICTORIA NUNCA IMAGINÓ

Capítulo 5: La junta de la traición

La sala de juntas de Grupo Valente estaba repleta.

Los hombres que durante años habían obedecido las órdenes de Alejandro ahora permanecían en silencio, mirando hacia la puerta principal.

Entonces Victoria entró.

No llevaba joyas ostentosas ni un vestido exagerado. Solo un traje negro impecable y la mirada firme de una mujer que había dejado de pedir permiso para ocupar su propio lugar.

A su lado caminaban sus abogados.

—Señores —dijo Victoria, colocando una carpeta sobre la mesa—. Desde este momento, la presidencia ejecutiva de Grupo Valente queda bajo mi control.

Alejandro apareció detrás de ella.

Su rostro estaba desencajado.

—¡No puedes hacer esto! —gritó—. ¡Esta empresa la dirigí durante dos años!

Victoria se giró lentamente.

—Y durante esos mismos dos años robaste dinero de las cuentas corporativas.

La sala quedó congelada.

Alejandro palideció.

—Eso es mentira.

—¿Seguro?

Victoria abrió la carpeta.

—Transferencias millonarias a empresas fantasma. Compra de propiedades a nombre de tu madre. Bonos secretos para tus socios. Y lo peor…

Sacó una última hoja.

—Intentaste vender acciones que jamás te pertenecieron.

Uno de los directivos bajó la mirada.

Alejandro comenzó a sudar.

—Victoria… podemos hablar en privado.

—Ya no soy tu esposa, Alejandro. Soy la mujer que acaba de descubrir todo lo que hiciste.

De repente, las puertas se abrieron.

Un hombre de cabello gris entró acompañado por dos abogados.

Victoria lo miró sorprendida.

El hombre se acercó a la mesa y dejó un sobre frente a ella.

—Señora Valente, hay algo que su padre dejó pendiente.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

El hombre tragó saliva.

—Una segunda cláusula del fideicomiso.

Alejandro sonrió nerviosamente.

—¿Segunda cláusula?

El abogado asintió.

—Una cláusula que nadie conocía.

Victoria abrió el sobre.

Y al leer la primera línea, su rostro cambió.

«Si Victoria descubre la verdad sobre su matrimonio, deberá saber también quién fue realmente el hombre que la entregó a Alejandro.»

Victoria levantó lentamente la mirada.

—¿Qué significa esto?

El abogado respondió:

—Que su matrimonio con Alejandro jamás fue una casualidad.


Capítulo 6: El hombre detrás de todo

Victoria salió de la sala de juntas con el documento apretado entre sus manos.

Por primera vez desde que había recuperado su identidad, parecía verdaderamente confundida.

—¿Quién me entregó a Alejandro? —preguntó.

El abogado permaneció en silencio.

—Necesito saberlo.

—Su padre.

Victoria se quedó inmóvil.

—¿Mi padre?

—Sí.

—Eso es imposible.

—Su padre sabía que Alejandro tenía ambición. También sabía que su familia intentaría apoderarse del Grupo Valente. Por eso preparó el fideicomiso.

Victoria negó con la cabeza.

—Entonces… ¿mi padre sabía que Alejandro podía traicionarme?

—Sabía que existía esa posibilidad.

Una lágrima descendió por el rostro de Victoria.

Pero antes de que pudiera responder, su teléfono comenzó a sonar.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Victoria Valente?

—¿Quién habla?

La voz al otro lado era masculina, grave y fría.

—Alguien que conoce el verdadero secreto de tu padre.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Qué secreto?

—Tu padre no murió como te hicieron creer.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué acaba de decir?

—Tu padre está vivo.

Victoria dejó caer el teléfono.

El abogado la observó alarmado.

—¿Qué sucede?

Victoria lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Mi padre…

Respiró profundamente.

—Está vivo.

A varios kilómetros de allí, en una residencia privada, un hombre anciano observaba una pantalla de seguridad.

Era el padre de Victoria.

Y junto a él estaba Doña Beatriz.

—Te dije que algún día ella descubriría la verdad —dijo el anciano.

Beatriz respondió con una sonrisa oscura.

—No importa. Para cuando Victoria descubra quién está detrás de todo esto, será demasiado tarde.


Capítulo 7: La confesión de Beatriz

Esa misma noche, Victoria regresó al penthouse.

Pero esta vez no llegó como una mujer expulsada.

Llegó acompañada por seguridad.

Alejandro estaba sentado en la sala, destruido.

Beatriz permanecía junto a la ventana.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Victoria.

Beatriz se giró lentamente.

—Esperándote.

Victoria avanzó.

—¿Dónde está mi padre?

Beatriz sonrió.

—Sabía que tarde o temprano preguntarías.

—¡Dime dónde está!

—No antes de que escuches toda la verdad.

Victoria se quedó inmóvil.

Beatriz respiró profundamente.

—Tu padre y yo hicimos un trato hace muchos años.

Alejandro levantó la cabeza.

—¡Mamá, cállate!

—Ya no tienes derecho a decirme que me calle.

Victoria miró a ambos.

—¿Qué trato?

Beatriz respondió:

—Tu padre quería que Alejandro se casara contigo para mantener el control de la empresa dentro de la familia.

Victoria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Mi matrimonio fue arreglado?

—Al principio.

Alejandro se acercó.

—Victoria, yo sí llegué a amarte.

Ella lo miró con desprecio.

—¿Y por eso me humillaste?

Alejandro bajó la mirada.

—No sabía toda la verdad.

—Pero sí sabías que mi familia tenía dinero.

Silencio.

Victoria comprendió.

—Nunca me amaste.

Alejandro comenzó a llorar.

—Al principio no.

Victoria cerró los ojos.

Una lágrima cayó por su mejilla.

Pero cuando volvió a abrirlos, ya no quedaba tristeza.

—Gracias.

Alejandro levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Porque acabas de demostrarme que no perdí al hombre que amaba.

Hizo una pausa.

—Perdí una mentira.

Entonces apareció una mujer desconocida en la puerta.

—Victoria…

Todos se giraron.

La mujer llevaba un sobre en las manos.

—Tu padre me pidió que te entregara esto si algún día descubrías la verdad.

Victoria tomó el sobre.

En su interior había una fotografía.

Ella era una niña.

Su padre aparecía detrás.

Pero había otra persona en la fotografía.

Victoria palideció.

Era un hombre que conocía perfectamente.

El actual director financiero de Grupo Valente.


Capítulo 8: La verdadera conspiración

Victoria observó la fotografía durante varios segundos.

—Esto no puede ser.

El abogado se acercó.

—¿Quién es ese hombre?

Victoria respondió con un hilo de voz:

—Mi tío.

Alejandro abrió los ojos.

—¿Tu tío está involucrado?

—Mi padre siempre dijo que había muerto antes de que yo naciera.

Beatriz comenzó a sonreír.

—Porque eso era lo que queríamos que creyeras.

Victoria la miró horrorizada.

—¿»Queríamos»?

Beatriz no respondió.

De repente, todas las luces del penthouse se apagaron.

Los teléfonos dejaron de tener señal.

La puerta principal se cerró automáticamente.

El abogado sacó su teléfono.

—Nos están bloqueando desde el sistema central.

Victoria comprendió.

—Alguien tomó el control de la torre.

Entonces apareció un mensaje en las pantallas del salón.

«VICTORIA VALENTE, TIENES DOS HORAS PARA ENTREGAR TODAS LAS ACCIONES.»

Alejandro retrocedió.

—¿Quién está haciendo esto?

Victoria miró la pantalla.

Y entonces apareció un rostro.

El hombre de la fotografía.

Su tío.

—Hola, Victoria.

Ella quedó paralizada.

—Tú…

El hombre sonrió.

—Tu padre cometió el error de confiar en demasiadas personas.

Victoria apretó los puños.

—¿Dónde está mi padre?

—Vivo.

—¡Dime dónde!

—Eso dependerá de ti.

El hombre se inclinó hacia la cámara.

—Si quieres volver a verlo con vida, tendrás que entregarme el control de Grupo Valente.

Victoria respiró profundamente.

Alejandro la miró.

—No lo hagas.

Victoria levantó lentamente la mirada.

—No.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué?

Victoria miró directamente a la pantalla.

—No voy a entregarle nada.

El hombre dejó de sonreír.

Victoria dio un paso hacia adelante.

—Porque acabas de cometer el mismo error que ellos.

—¿Cuál?

Victoria sonrió por primera vez.

—Creer que sigo siendo la mujer débil que conocieron hace dos años.

El hombre quedó en silencio.

Victoria se volvió hacia su abogado.

—Activa el protocolo Valente.

El abogado abrió los ojos.

—¿Está segura?

—Completamente.

—Pero si lo hacemos, podríamos destruir la empresa.

Victoria miró la pantalla.

—Entonces que arda el imperio…

Hizo una pausa.

—…pero esta vez, el fuego lo controlo yo.

Y en ese instante, todas las pantallas del edificio se encendieron al mismo tiempo.

La guerra por Grupo Valente acababa de comenzar.

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