Engaño a su esposo con su mejor amigo y lo pagó muy caro
Mariana estaba sentada frente a su amante en uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad. Mientras él le tomaba suavemente la mano por debajo de la mesa, ella sonreía como si nada pudiera salir mal. Habían elegido una mesa apartada, lejos de las miradas curiosas. Pero ninguno de los dos imaginaba que aquella noche sería el principio del fin.
De repente, el teléfono de Mariana comenzó a vibrar sobre la mesa. Al ver la pantalla, su rostro cambió por completo. Era Andrés, su esposo. Ella respiró profundamente, acomodó su cabello y contestó con una voz dulce, como si estuviera completamente sola.
—¿Dónde estás, amor? —preguntó Andrés desde el otro lado de la llamada. Mariana miró a su amante y le hizo una señal para que guardara silencio. Entonces respondió con absoluta tranquilidad: —Ay, amor, estoy acá en un trancón. ¡Hay como mil carros delante mío!
—¿De verdad, amor? ¿Y ya casi llegas? —preguntó Andrés con preocupación. Mariana tomó una copa de vino y respondió rápidamente: —Eh… amor, pero primero tengo que tanquear. ¿Me vas a regalar para ahorita pagar la gasolina? Su amante tuvo que contener la risa al escuchar semejante mentira.
—Ay, ¿cuánto necesitas, amor? —preguntó Andrés sin sospechar nada. Mariana dudó apenas un segundo y contestó: —Ay, envíame por ahí doscientos. Pero inmediatamente cambió de opinión y añadió: —Quinientos, quinientos. —¿Quinientos? Claro que sí, amor. Espérame ahí que ya te los envío.
—Ah, bueno, amor, listo. Gracias. —Mariana colgó y soltó una carcajada de alivio. Su amante la miró divertido y le dijo: —Eres increíble. Tu marido hasta te paga la gasolina mientras tú estás aquí conmigo. Pero la sonrisa de Mariana desapareció cuando vio algo sobre la mesa.
El teléfono de Andrés había enviado accidentalmente una fotografía al chat familiar. En la imagen aparecía él sentado dentro de su automóvil, estacionado justamente frente al restaurante donde Mariana estaba cenando con su amante. Ella se quedó completamente paralizada.
—¿Qué pasa? —preguntó su amante, preocupado. Mariana levantó lentamente la mirada y susurró: —Mi marido está aquí afuera. Y acaba de verme.
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