5 años de relación perdido. Parte 2

Capítulo 2: Las primeras grietas

Después de aquella promesa bajo el atardecer, Valeria creyó que nada podría separarla de Gabriel. Los meses transcurrían con tranquilidad y ambos seguían construyendo la vida que siempre habían imaginado. Cada día parecía confirmar que el destino los había unido para siempre.

Gabriel recibió una oferta para dirigir un importante proyecto arquitectónico en otra ciudad. Era la oportunidad con la que había soñado durante años y no podía dejarla pasar. Valeria celebró la noticia con orgullo, convencida de que aquel éxito también sería parte de su futuro.

Las primeras semanas todo marchó bien. Gabriel viajaba constantemente, pero nunca dejaba de llamarla antes de dormir. Aunque la distancia era difícil, ambos encontraban la manera de mantener vivo el amor que habían construido.

Con el paso de los meses, aquellas llamadas comenzaron a hacerse más cortas. Algunas noches él decía que estaba demasiado cansado para hablar. Otras veces simplemente enviaba un mensaje diciendo que tenía mucho trabajo y prometía llamar al día siguiente.

Valeria intentó comprender la situación. Sabía que el proyecto exigía largas jornadas y mucha responsabilidad. Sin embargo, una pequeña inquietud empezó a instalarse en su corazón sin que pudiera encontrar una explicación.

Una tarde decidió sorprenderlo. Preparó su postre favorito y condujo durante varias horas hasta la ciudad donde Gabriel trabajaba. Imaginó su rostro al verla aparecer sin avisar y sonrió durante todo el camino.

Al llegar al edificio donde él dirigía la construcción, preguntó por Gabriel. Una secretaria le respondió con amabilidad que había salido una hora antes acompañado por una mujer del equipo de diseño. Aquella respuesta no parecía extraña, pero despertó una sensación difícil de ignorar.

Valeria decidió esperar en una cafetería cercana. Mientras observaba por la ventana, vio detenerse un automóvil frente al edificio. Gabriel descendió riendo junto a una joven de cabello oscuro llamada Camila. Ambos parecían compartir una confianza que llamó inmediatamente su atención.

No hubo abrazos ni gestos comprometedores. Solo risas, conversaciones y una despedida demasiado cercana para el gusto de Valeria. Ella respiró profundamente y prefirió pensar que todo formaba parte del ambiente laboral.

Cuando Gabriel llegó al apartamento esa noche, encontró a Valeria esperándolo con la cena preparada. Se sorprendió al verla, pero enseguida la abrazó con entusiasmo. Ella escondió sus dudas detrás de una sonrisa para no arruinar el momento.

—Debiste avisarme que vendrías.

—Quería darte una sorpresa.

Durante la cena, Gabriel habló durante horas sobre el proyecto, los nuevos clientes y las metas que esperaba alcanzar. Sin embargo, nunca mencionó a Camila. Aquella omisión quedó dando vueltas en la mente de Valeria mientras fingía escuchar con tranquilidad.

Los días siguientes volvieron a la rutina habitual. Gabriel regresó a la ciudad donde trabajaba y las llamadas continuaron disminuyendo. Algunas noches el teléfono permanecía apagado hasta la madrugada.

Valeria comenzó a notar pequeños cambios. Gabriel ya no compartía fotografías de sus viajes, evitaba responder algunas preguntas y parecía incómodo cada vez que ella mencionaba la posibilidad de visitarlo nuevamente.

Una tarde, mientras ordenaba algunos documentos que Gabriel había dejado en casa, encontró un recibo de un elegante restaurante. La cena había sido para dos personas y estaba fechada en un día en que él aseguró haber trabajado hasta la medianoche.

Su corazón comenzó a latir con fuerza. Quiso creer que todo tenía una explicación lógica, pero las dudas crecían como una tormenta imposible de detener. Por primera vez desde que comenzó la relación, sintió miedo de descubrir una verdad que pudiera destruirlo todo.

Aquella noche llamó a Gabriel varias veces sin obtener respuesta. Cerca de la una de la madrugada recibió un breve mensaje.

«Perdón, amor. Me quedé dormido después de una reunión muy larga.»

Valeria observó la pantalla durante varios minutos. No respondió el mensaje. En cambio, abrió el álbum donde guardaba las fotografías de sus primeros años juntos.

Mientras pasaba cada página, recordó las promesas, los viajes y las palabras que un día parecían eternas. Se preguntó en qué momento comenzaron a perderse el uno al otro sin darse cuenta.

Sin saberlo, aquella noche marcó el inicio de una serie de acontecimientos que cambiarían sus vidas para siempre. Lo que hasta entonces eran simples sospechas pronto se convertiría en una verdad imposible de ocultar.

Y mientras Gabriel dormía creyendo que todo seguía bajo control, alguien observaba su vida desde las sombras, dispuesto a revelar un secreto que llevaba demasiado tiempo escondido.

Continuará…

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