Parte 2
Abrí lentamente los ojos mientras una luz blanca me cegaba por completo. El sonido constante de las máquinas llenaba la habitación con un pitido desesperante. Sentía el cuerpo pesado, como si estuviera hundido bajo toneladas de cemento. Apenas podía respirar con normalidad.
—Mamá…
Mi madre levantó la cabeza de inmediato al escuchar mi voz y apretó mi mano entre las suyas. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y su rostro reflejaba noches enteras sin dormir. Intentó sonreír, pero la tristeza le quebró la voz. Las lágrimas siguieron cayendo silenciosamente.
—Aquí estoy, mi amor… aquí estoy…
Intenté moverme, pero un dolor intenso recorrió mi cuerpo entero como una descarga eléctrica. Miré alrededor confundido, tratando de recordar qué había ocurrido antes de despertar allí. El accidente apareció de golpe en mi mente junto al sonido de los frenos. Sentí miedo por primera vez.
—¿Qué pasó…?
Bajé lentamente la mirada hacia la cama y el aire desapareció de mis pulmones. Las sábanas cubrían mi cuerpo, pero algo faltaba debajo de ellas. Un vacío imposible, frío y cruel me atravesó el pecho. El silencio de la habitación terminó destrozándome por dentro.
—Mis piernas…
Mi padre permanecía de pie junto a la ventana con los puños cerrados y la mirada baja. Intentaba mantenerse fuerte frente a mí, aunque sus ojos brillaban llenos de lágrimas contenidas. Nunca lo había visto tan destruido. Parecía haber envejecido años en una sola noche.
—Lo importante es que sigues vivo, hijo.
Negué lentamente mientras sentía cómo el mundo se derrumbaba alrededor mío. Todo lo que conocía desaparecía en ese instante: el trabajo, mis sueños, mi libertad. Imaginé el resto de mi vida atrapado en una cama o dependiendo de otros para todo. El miedo se convirtió en desesperación.
—Ya no podré caminar…
Mi madre se acercó despacio y besó mi frente con ternura mientras acariciaba mi cabello. Sus manos temblaban, pero su voz seguía siendo cálida y firme. Ella también estaba rota por dentro, aunque hacía todo lo posible por sostenerme. Nunca me soltó la mano.
—Y aun así vas a seguir adelante.
Sus palabras quedaron suspendidas en el silencio del hospital. Cerré los ojos intentando contener las lágrimas que finalmente comenzaron a caer por mi rostro. Afuera, la lluvia golpeaba suavemente la ventana de la habitación. Y por primera vez desde el accidente, entendí que mi vida jamás volvería a ser la misma.
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