Su madre le quitó la lavadora a la esposa de su hijo Parte 10

—La persona que buscamos acaba de salir del banco con todo el dinero.
Nadie dijo una palabra; el silencio se apoderó de toda la habitación.
El hombre sintió que las piernas comenzaban a temblarle mientras miraba al policía.
—¿Quién salió del banco? —preguntó desesperadamente, acercándose al agente.

El policía apretó el teléfono contra su oído y respondió con gravedad.
—Todavía no tenemos la identidad confirmada, pero las cámaras captaron su rostro.
La esposa se acercó rápidamente y miró fijamente al agente.
—¡Entonces enséñenos la grabación! ¡Tenemos que saber quién fue!

El policía negó con la cabeza y guardó nuevamente su teléfono.
—No podemos hacerlo aquí. Tenemos que salir inmediatamente de esta casa.
Pero Ernesto dio un paso adelante y señaló la computadora.
—No necesitan irse. La grabación puede estar aquí.

Todos voltearon a mirarlo, sorprendidos por la seguridad de sus palabras.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó el hijo, cada vez más desconfiado.
Ernesto respiró profundamente antes de responder.
—Porque fui yo quien instaló ese sistema de seguridad.

La madre comenzó a llorar nuevamente y se llevó las manos al rostro.
—Ernesto, ya no puedes seguir ocultándole la verdad.
El hombre la miró fijamente, sintiendo que algo terrible estaba a punto de revelarse.
—¿Qué verdad?

La mujer bajó la cabeza y respondió entre lágrimas.
—Tu padre no murió por accidente.
El silencio cayó sobre toda la habitación como una sentencia.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó su hijo, casi sin poder respirar.

La madre respiró profundamente antes de continuar con aquella confesión.
—Tu padre descubrió quién estaba robando el dinero de la empresa.
—Y cuando intentó denunciarlo, recibió una amenaza.
La esposa sintió un escalofrío y miró hacia Ernesto.

—¿Quién lo amenazó? —preguntó ella con la voz temblorosa.
La madre levantó lentamente la mirada y respondió.
—Alguien que él amaba y en quien confiaba completamente.
El hombre negó con la cabeza, intentando encontrar una explicación.

—No puede ser alguien de nuestra familia.
Entonces Ernesto intervino con una voz firme y preocupante.
—Sí puede.
El hijo lo miró con los ojos llenos de miedo.

—¿Qué estás insinuando? —preguntó mientras se acercaba a él.
Antes de que Ernesto pudiera responder, el policía recibió otro mensaje.
El agente lo leyó y su expresión cambió inmediatamente.
—Tenemos la identidad de la persona.

Todos se acercaron al policía esperando escuchar el nombre.
—¿Quién es? —preguntó el hijo desesperadamente.
El agente levantó lentamente la mirada.
—La persona que acaba de retirar el dinero utilizó una cuenta perteneciente a…

Se detuvo durante varios segundos, aumentando todavía más la tensión.
—¿A quién? —gritó la esposa, desesperada.
El policía mostró la pantalla de su teléfono.
El hombre palideció al reconocer el nombre que aparecía allí.

—No… eso es imposible —susurró mientras retrocedía lentamente.
La esposa miró la pantalla y después observó a su marido.
—¿Quién es esa persona?
Él levantó lentamente la mirada y respondió con voz quebrada.

—Mi hermana.
La mujer quedó completamente paralizada al escuchar aquella respuesta.
—¿Tu hermana? ¿Pero no se fue del país hace cinco años?
Ernesto negó lentamente con la cabeza.

—Nunca se fue.
El hijo sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo.
—Entonces… ¿dónde ha estado todo este tiempo?
Ernesto señaló la fotografía que todavía aparecía en la computadora.

—Más cerca de ustedes de lo que imaginan.
De repente, la pantalla cambió sin que nadie tocara el teclado.
Apareció una nueva grabación de seguridad.
La imagen mostraba a una mujer entrando al banco con una gorra y gafas oscuras.

El hombre se acercó lentamente a la pantalla.
—Esa no puede ser…
La mujer levantó el rostro frente a la cámara.
Todos reconocieron inmediatamente su cara.

Era la hermana del hombre.
Pero entonces apareció algo todavía más aterrador detrás de ella.
Una segunda persona caminaba varios pasos detrás de la mujer.
El policía se acercó a la pantalla y observó cuidadosamente la imagen.

—Detengan el video —ordenó el agente.
La grabación quedó congelada justo cuando el segundo hombre levantaba el rostro.
El hijo comenzó a respirar rápidamente mientras miraba aquella imagen.
—¿Qué pasa? ¿Quién es ese hombre?

El agente señaló la pantalla con expresión de preocupación.
—Ese hombre aparece en una investigación relacionada con la muerte de su padre.
Ernesto se quedó completamente pálido y dio un paso hacia atrás.
—No…

El hijo lo miró fijamente y comprendió que Ernesto sabía algo.
—¿Lo conoces?
Ernesto tragó saliva y bajó lentamente la mirada.
—Sí.

—¿Quién es? —preguntó el hombre, desesperado por conocer la verdad.
Ernesto respondió con una voz casi inaudible.
—El hombre que todos creíamos que había muerto junto a tu padre.
La madre dejó escapar un grito y cayó sobre una silla.

—¡Dios mío! ¡No puede ser! —exclamó mientras comenzaba a llorar.
En ese instante, alguien llamó tres veces a la puerta principal.
Todos quedaron completamente inmóviles y nadie se atrevió a respirar.
El policía levantó una mano y ordenó silencio.

Entonces una voz se escuchó desde el otro lado de la puerta.
—Hijo… abre la puerta.
El hombre abrió los ojos con incredulidad y miró hacia su madre.
Reconocería aquella voz en cualquier lugar.

Era la voz de su padre.

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