La madre descubrió cómo trataban a su hija. y tomó una decisión que cambió todo Parte 6
Elena quedó paralizada al ver al hombre parado frente a la puerta. Durante años todos habían asegurado que estaba muerto, pero ahora estaba allí, sosteniendo una carpeta negra entre sus manos. Su esposo lo reconoció inmediatamente y dio un paso atrás. —Papá… —susurró, sin poder creer lo que veía. Ver video 👇
El hombre levantó lentamente la mirada y respondió con una voz fría. —Sí, hijo. Estoy vivo. Elena sintió que las lágrimas comenzaban a recorrer su rostro mientras intentaba comprender aquella pesadilla. —¿Por qué nos hiciste creer que habías muerto? El hombre entró lentamente y cerró la puerta detrás de él.
—Porque necesitaba desaparecer para descubrir quién estaba intentando destruir a nuestra familia —respondió. Elena apretó los puños y lo enfrentó. —¡Mientras tú investigabas, nosotros sufrimos! ¡Mi esposo desapareció, mi hija fue secuestrada y mi hermana nos traicionó! El hombre bajó la mirada por primera vez. —Lo sé, Elena. Y por eso traje el verdadero testamento.
Elena miró la carpeta negra. —¿Qué contiene? El hombre respondió que no solamente contenía la última voluntad de su esposo. También guardaba pruebas de todos los movimientos de dinero, las identidades de quienes participaron en la conspiración y una grabación realizada la noche en que todo comenzó. Elena sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—Entonces ábrelo —ordenó. El hombre colocó la carpeta sobre la mesa y sacó un pequeño dispositivo. La grabación comenzó con la voz del esposo de Elena. —Si están escuchando esto, significa que finalmente descubrieron la verdad. Elena se llevó una mano a la boca al reconocer aquella voz.
—Nunca quise desaparecer de sus vidas —continuó la grabación—. Pero alguien dentro de nuestra propia familia había preparado mi muerte. Elena miró a su esposo, quien tenía los ojos llenos de lágrimas. —Yo sabía que estaban detrás de mí —decía la grabación—, pero jamás imaginé que llegarían tan lejos.
Entonces apareció un nombre en el documento. Elena lo leyó lentamente y sintió que el cuerpo se le estremecía. —No… esto no puede ser. Su esposo se acercó y preguntó qué había visto. Elena levantó el documento y respondió: —La persona que ordenó todo esto no fue tu padre.
El hombre mayor quedó inmóvil. —¿Qué dices? Elena señaló el nombre. —Fue mi hermana. Pero había algo todavía peor. Su hermana no había actuado por dinero, sino porque alguien le había prometido entregarle el control absoluto de la empresa.
De repente, el teléfono volvió a sonar. Elena contestó sin apartar la mirada del documento. —¿Qué quieres? La voz de su hermana respondió entre sollozos. —Elena, tienes que escucharme. Yo no sabía que llegarían tan lejos. —¿Dónde estás? —preguntó Elena. —Estoy encerrada en un almacén.
Elena sintió un nudo en la garganta. —¿Quién te tiene? Su hermana tardó unos segundos en responder. —El hombre que tú creías que era mi aliado. Elena frunció el ceño. —¿El hermano de mi esposo? —No —respondió ella—. Alguien mucho más cercano.
En ese momento se escuchó un ruido detrás de la hermana. Una puerta se abrió y una voz masculina apareció en la llamada. Elena reconoció aquella voz inmediatamente. Era el abogado que había fingido protegerlos durante todo ese tiempo. —Ya no necesitas hablar con ella —dijo con frialdad. La llamada terminó.
Elena miró a su esposo. —Tenemos que encontrarla. Su esposo asintió inmediatamente. Pero el padre de él levantó una mano. —Antes deben conocer toda la verdad. Elena lo miró confundida. El hombre abrió la última página del testamento y señaló una cláusula escrita a mano por su esposo.
—Él dejó toda la fortuna a una sola persona. Elena comenzó a leer. Su rostro cambió por completo. —¿A quién? —preguntó su esposo. El hombre respondió: —A tu hija. Todo.
Elena sintió que las lágrimas llenaban sus ojos. Entonces comprendió el verdadero motivo de todo aquel complot. No querían solamente destruir a su esposo. Querían impedir que su hija heredara el patrimonio familiar. Pero faltaba una última pregunta.
—¿Por qué mi esposo nunca me lo contó? —preguntó Elena. Su suegro respondió con tristeza: —Porque sabía que si tú conocías la verdad, ellos intentarían utilizarte para llegar hasta ella. Elena abrazó a su esposo y ambos comenzaron a llorar.
De repente, se escucharon varios golpes en la puerta. Todos quedaron en silencio. José se acercó lentamente y miró por la ventana. Afuera había varios vehículos negros. —No estamos solos —dijo. Elena abrazó a su hija y retrocedió. Entonces las luces de toda la casa se apagaron.
Una voz masculina se escuchó desde el exterior. —Entréguennos el testamento y nadie saldrá herido. Elena reconoció aquella voz. Era el abogado. Su esposo miró a su padre y preguntó: —¿Cómo sabía que estábamos aquí? El anciano respondió con gravedad: —Porque alguien nos siguió desde la casa.
Elena miró a todos los presentes. Entonces recordó algo. El único que había salido de la propiedad antes de llegar allí había sido José. Elena lo miró fijamente. —José… ¿tú nos traicionaste? José abrió los ojos, completamente sorprendido. —¡No! Yo jamás haría eso.
Pero antes de que pudiera explicar nada, su teléfono cayó al suelo. La pantalla mostraba un mensaje reciente. Elena se agachó y lo leyó. Solo decía: “Elena ya sospecha de ti. Elimínala antes de que descubra la verdad.”
José palideció. —Ese mensaje no es mío. Elena lo miró fijamente y comprendió que alguien estaba intentando enfrentarlos entre sí. Su esposo tomó el teléfono y revisó el número. —No fue enviado desde el teléfono de José. Fue enviado desde otro dispositivo.
Entonces el padre de su esposo abrió lentamente la carpeta. —Hay una última prueba. Elena preguntó: —¿Qué prueba? El anciano sacó una fotografía tomada la noche de la supuesta muerte. En ella aparecía una persona entrando al automóvil de su esposo.
Elena acercó la fotografía a sus ojos. Su respiración se detuvo. —Es mi hermana. Su esposo negó lentamente con la cabeza. —Mira bien. Elena volvió a observarla. Entonces descubrió algo que nadie había notado. Su hermana no estaba entrando al automóvil.
Estaba sacando a alguien del vehículo.
Elena amplió la fotografía y reconoció el rostro. Era su hija cuando apenas era una niña. —¿Qué significa esto? —preguntó horrorizada. Su esposo respondió con la voz quebrada: —Significa que tu hermana sabía desde entonces que nuestra hija era la verdadera heredera.
Elena comprendió que la conspiración había comenzado mucho antes de lo que imaginaba. Su hermana había estado vigilando a su hija durante años, esperando el momento adecuado para apoderarse de su herencia. Pero todavía faltaba saber quién había dado la orden.
Entonces la puerta principal se abrió lentamente.
Todos levantaron la mirada.
El abogado entró acompañado por dos hombres.
Pero detrás de ellos apareció una mujer.
Elena quedó completamente inmóvil.
Era su hermana.
Solo que esta vez no estaba llorando.
Sonreía.
—¿De verdad creíste que yo era la víctima? —preguntó.
Elena sintió que el corazón se le detenía.
Su hermana miró hacia la niña y dijo:
—Ella nunca debió haber sobrevivido aquella noche.
Elena abrazó a su hija con todas sus fuerzas.
—¡Aléjate de mi hija!
Su hermana dio un paso adelante.
—Ahora entiendo por qué papá la eligió como heredera.
Elena quedó paralizada.
—¿Papá?
Su hermana sonrió.
—Sí, Elena. Nuestro padre sigue vivo.
Y entonces señaló al hombre que estaba junto a la puerta.
—Y él fue quien ordenó que tu esposo desapareciera.
Elena miró al desconocido.
Su esposo palideció.
—No…
El hombre dio un paso hacia la luz.
Era el verdadero dueño del imperio.
Y tenía una última noticia que cambiaría la vida de todos.
—La niña no es la única heredera.
Hizo una pausa.
—Tú tampoco eres quien creías ser, Elena.