Humillaron a un anciano en un banco de lujo, hasta que descubrieron que era el dueño de todo.
El vestíbulo del banco relucía con una perfección casi intimidante.El mármol reflejaba las luces cálidas del techo y cada paso sonaba medido.Los clientes se movían con seguridad, como si el dinero les diera derecho al aire.Todo parecía diseñado para imponer respeto sin necesidad de palabras.Y en ese orden impecable, nadie esperaba una ruptura. El golpe…