Su madre le quitó la lavadora a la esposa de su hijo Parte 6
El hombre permaneció mirando la pantalla del teléfono, incapaz de apartar los ojos del mensaje que acababa de recibir.
Su esposa seguía sosteniendo su mano, mientras su hermana observaba a su madre esperando una explicación.
—Mamá, ¿por qué Ernesto dice que no confiemos en ti? —preguntó él con la voz llena de desconfianza.
La madre comenzó a llorar y negó desesperadamente con la cabeza.
—Porque quiere que ustedes duden de mí —respondió—, pero les juro que nunca quise hacerles daño.
Su hija se acercó y preguntó: —Entonces, ¿por qué escondiste durante tantos años la carpeta de papá?
La mujer respiró profundamente y miró nuevamente hacia el viejo mueble.
—Porque después de la muerte de su padre recibí una amenaza —confesó—.
—¿Una amenaza de Ernesto? —preguntó su hijo, mientras ella permanecía en silencio.
Finalmente, la madre asintió lentamente, con lágrimas recorriendo sus mejillas.
—Me dijo que si hablaba, ustedes serían los siguientes en sufrir las consecuencias.
El hombre sintió un escalofrío al comprender que su madre había vivido aterrorizada durante años.
Su esposa apretó su mano y preguntó: —¿Y qué tiene que ver la lavadora con todo esto?
La madre levantó la mirada y respondió: —La lavadora no era lo importante.
—Entonces, ¿por qué me la quitaste? —preguntó la mujer, completamente confundida.
La madre bajó la cabeza antes de responder aquella pregunta que había evitado durante meses.
—Porque dentro de esa lavadora había algo que Ernesto estaba buscando.
Todos quedaron paralizados al escuchar aquellas palabras.
—¿Qué había dentro? —preguntó su hijo, acercándose lentamente a ella.
La madre señaló un pequeño cajón de la cocina y dijo: —Tu padre escondió una llave allí.
—Una llave que podía abrir una caja de seguridad a nombre de alguien de esta familia.
El hombre abrió rápidamente el cajón y encontró una pequeña llave envuelta en un pañuelo.
Su esposa observó el objeto y comprendió que la historia acababa de tomar un giro inesperado.
—¿Dónde está esa caja? —preguntó ella, mientras la madre permanecía en silencio.
—En el banco donde tu padre tenía su cuenta principal —respondió la madre.
—Pero necesitamos dos firmas para abrirla —añadió—, y una de ellas pertenece a Ernesto.
El hombre apretó los puños al comprender que su tío todavía tenía acceso a la caja.
De repente, alguien golpeó la puerta principal con una fuerza que hizo temblar toda la casa.
Todos se quedaron inmóviles y miraron hacia el pasillo.
La madre comenzó a llorar y susurró: —No puede ser… él nos encontró.
El hombre caminó lentamente hacia la puerta mientras su esposa intentaba detenerlo.
—No abras —le dijo—. Puede ser una trampa.
Pero entonces escucharon una voz al otro lado que hizo que todos se quedaran sin palabras.
—Sé que tienen la carpeta —dijo una voz masculina desde el exterior.
El hombre reconoció inmediatamente aquella voz y sintió que la sangre se le helaba.
Era Ernesto, el mismo hombre que supuestamente había desaparecido después de aquella noche.
—Quiero hablar con ustedes —continuó Ernesto—, pero no vine solo.
El hombre miró a su hermana y después a su esposa, sin saber qué hacer.
Entonces su madre susurró algo que cambió completamente la situación.
—No abras la puerta… porque Ernesto no es la persona que realmente deberían temer.
Todos la miraron sorprendidos, mientras afuera volvieron a golpear con fuerza.
Y antes de que alguien pudiera preguntar a quién se refería, la luz de toda la casa se apagó.